La música de las neuronas :: El mito del yo
«Los seres humanos no tenemos cerebro. Somos nuestro cerebro. Cuando le cortan la cabeza a alguien, no lo decapitan sino que lo decorporan. Porque es en este prodigioso órgano donde somos, donde se genera nuestra autoconciencia, el «yo» de cada uno. Por tanto, lo que llamamos «yo» no es separable del cerebro. Si dijéramos «el cerebro me engaña», la implicación sería que mi cerebro y yo somos dos cosas diferentes. Mi tesis central es que el «yo» es un estado funcional del cerebro y nada más, ni nada menos.
El «yo» no es diferente del cerebro. Ni tampoco la mente. Son unos de tantos productos de la actividad cerebral, a partir de la cual hemos llegado a la Luna y tenemos posibilidades ilimitadas de hacer realidad nuestros sueños.
El cerebro es una entidad muy diferente de las del resto del universo.
Es una forma diferente de expresar todo.
La actividad cerebral es una metáfora para todo lo demás.
Somos básicamente máquinas de soñar
que construyen modelos virtuales del mundo real.»
Conversaciones con Rodolfo Llinás
En El cerebro y el mito del yo, libro con prólogo literario de Gabriel García Márquez, Rodolfo Llinás, uno de los creadores de la neurociencia moderna, presenta un original punto de vista de la evolución y la naturaleza de la mente. Hubiera preferido un prólogo musical hablando de "la música de las neuronas", pero el de Gabo no está nada mal para ayudar reconocer la poesía de la neurociencia a quienes de entrada encuentren estos abordajes científicos fríos, mecánicos y poco iluminadores. Este libro les dará otra perspectiva...
Pueden leer estas Conversaciones con Rodolfo Llinás para abrir boca.
De acuerdo con Llinás, el “estado mental” evolucionó para permitir las interacciones predictivas entre las criaturas vivas con movimiento y su medio ambiente. Él ilustra la evolución temprana de la mente a través de un animal primitivo, la Ascidiacea, un tunicado cuya forma larval adulta tiene un ganglio similar a un cerebro que recibe información sensorial acerca del medio ambiente circundante. La forma adulta de este animal se adhiere a un objeto estacionario y digiere la mayor parte de su propio cerebro, lo cual sugiere que el sistema nervioso evolucionó hasta permitir el movimiento activo en los animales. Para moverse con seguridad en el medio ambiente, una criatura, cualquiera que ella sea, debe prever el resultado de cada uno de sus movimientos con base en los datos que le llegan por los sentidos. Por tanto, para Llinás la capacidad de predicción es probablemente la función primordial del cerebro, hasta el punto de que podría decirse que el “sí mismo” es el centro de la predicción. El núcleo de la teoría de Llinás es el concepto de oscilación. En muchas neuronas, la actividad eléctrica se manifiesta como variaciones oscilatorias representadas por oscilaciones de mínimo voltaje a través de la membrana celular. En los picos de esas oscilaciones se presentan eventos eléctricos mayores, que son la base de la comunicación entre las neuronas. Como cigarras que suenan al unísono, los grupos de neuronas, a su vez, oscilan en fase con otros grupos distantes, creando una especie de resonancia. Esta simultaneidad de la actividad neuronal es la raíz neurobiológica de la cognición, y aunque el estado interno que denominamos “mente” es guiado por los sentidos, también es generado por esas oscilaciones dentro del cerebro. Es así como, de cierta manera, podría decirse, según Llinás, que la realidad no solo está “allá, afuera”, sino que existe una especie de realidad virtual. 

A partir de estos dos postulados, Llinás explica el movimiento, los sueños, la encefalización de los seres vivos, la conciencia, los patrones de acción fijos una especie de modelos universales con los que todos venimos al mundo, las emociones, la memoria y el lenguaje. Finalmente, Llinás explica la comunicación entre los diversos seres vivos y aventura algunas opiniones audaces sobre la Internet y su significado en la evolución de la especie humana. La exposición de la evolución y del desarrollo de la conciencia que presenta Llinás es lo suficientemente accesible e intrigante como para despertar el interés del lector, tanto desde el punto de vista científico como desde el punto de vista filosófico. Con base en la investigación de muchos años, este libro explica nuestra conciencia como el vínculo sincrónico entre el sistema tálamo-cortical y el movimiento físico. Ilustrado con delicadas imágenes artísticas y científicas en respaldo a las teorías expuestas, el libro de Llinás plantea varios desafíos científicos y epistemológicos.
Fuente
Conversaciones con Rodolfo Llinás


2 Comentarios:
Comete un rizoma.
Cito el siguiente artículo en referencia a un experimento "musical" que tenía como principal " intérprete y compositor" al cerebro, como elemento físico propiamente dicho.Mi pregunta es, ¿estaremos más cerca de lo que parece de llegar a componer, escuchar y difundir con nuestro própio cerebro, olvidándonos así de los formatos que conocemos en la actualidad? ¿En ese caso, quien pondrá límite al registro de la propiedad intelectual? Prepárense para escuchar el próximo Hit Parade de la radio telépatica...
"LA MÚSICA CEREBRAL NO ES MUY PEGADIZA
La música cerebral no es muy pegadiza
Varios cientos de curiosos —y valientes— se dieron cita para un concierto en el cual sus ondas cerebrales fueron grabadas, mezcladas y reproducidas. El cerebro genera distintos tipos de sonidos; pero, al parecer, ninguno de ellos reúne las condiciones para llegar a los pop charts.
(Wired News) Un cerebro feliz hace un sonido melodioso y uniforme. Un cerebro agotado hace sonidos como los de la estática. Un cerebro levemente preocupado hace un sonido similar al que hacen las hojuelas de cereal cuando absorben la leche. Un cerebro interesado hace un sonido como el de un gato asustadizo, que emite un ronroneo apagado y continuo, intercalado con algún que otro de esos maullidos agudos que hacen estos felinos cuando se sobresaltan.
Conecte una gran cantidad de cerebros a una computadora, capture y reproduzca los sonidos que éstos generan, y obtendrá algo que no se puede definir como música pero que sin dudas es un ruido interesante.
Eso es exactamente lo que sucedió en el Ciborg Echoes Deconcert (Concierto de Ecos de Ciborgs) que se llevó a cabo este fin de semana en Toronto.
Este concierto fue promocionado como un evento participativo, y sin dudas lo fue: se hicieron electroencefalogramas de los cerebros de los miembros de la concurrencia, estas EEC se transformaron en sonidos, se mezclaron con un suave ritmo de fondo obtenido a partir de electrocardiogramas, se combinaron, y se reprodujeron para crear Music in the Key of EEG (Música en Clave de EEG Mayor).
Este concierto, realizado en la Deconism Gallery de Toronto, se basó en las investigaciones realizadas por James Fung en relación con las técnicas de biofeedback.
Varios cientos de personas se apiñaron en la pequeña galería de cuyas paredes blancas y techos de cristal colgaban, ominosos, pinzas, cables, ventosas y abrazaderas. El saber que todos esos equipos estaban allí para registrar la actividad del cerebro de uno ciertamente le daba un toque más interesante a la visita.
El concierto comenzó con una meditación acompañada de respiraciones profundas. (Evidentemente, el cerebro humano suena mejor cuando está relajado, en estado alfa).
Cuando el cerebro está activo, genera ondas beta, que aparecen como una sucesión de pequeños picos en el trazado del EEG y no tienen la profundidad suficiente para generar buena música. Las ondas alfa son fuertes y uniformes.
En el Deconcert se tocaron tres rondas de música. La primera fue una ronda de prueba, en la que se explicó la tecnología y solamente se conectaron algunos voluntarios al sistema electroencefalográfico. En una segunda instancia, los integrantes del público fueron conectados al sistema del concierto a través de pinzas portaelectrodos colocadas en cada oreja. Luego se conectó otro electrodo a las vinchas que llevaban puestas, colocándolo en la nuca de los sujetos para poder captar las señales del lóbulo occipital, que es la parte del cerebro responsable del procesamiento de la información visual.
Para capturar las ondas cerebrales se utilizaron concentradores electroencefalográficos FlexComp. Esta tecnología es capaz de captar las señales enviadas por los músculos y las ondas cerebrales de los humanos, y también puede capturar datos sobre los latidos del corazón, la respiración y la transpiración. Esa información es transmitida a una PC, y puede ser presentada en una hoja de cálculo, un archivo de texto, o alguna otra aplicación.
Fung utilizó su propio software para combinar las ondas y transformarlas en sonidos. Las herramientas de EEG fueron fabricadas por uno de los patrocinantes de este concierto, Thought Technologies, una empresa de Montreal que fabrica dispositivos de biofeedback computarizados que son utilizados principalmente con fines médicos.
Para la segunda ronda, se dividió al público en grupos de ocho. Una vez que se capturaron las ondas cerebrales de cada grupo, se reprodujeron los sonidos de cada uno de ellos para que el público los pudiera oír, "como cuando una orquesta afina sus instrumentos", explicó Fung.
Durante la ronda final, se obtuvieron los promedios de los sonidos creados a partir de las ondas cerebrales de cada grupo y luego se los combinó para crear una especie de obertura musical de fusión mental.
Entonces, ¿a qué se parece la música de las ondas cerebrales? El corte final reveló una bonita melodía que presentaba todos las desventajas de la música generada por medios digitales. En otras palabras, es inteligente, pero carece de espíritu.
Este concierto fue parte de una serie de eventos realizados durante el fin de semana, que estuvieron centrados en la idea de que el cuerpo, en su forma actual, ha pasado a ser algo bastante obsoleto. Todos nos hemos convertido en ciborgs, parte humanos y parte máquina.
"Los seres humanos ahora son una mezcla de ciborg y zombi. Nuestro cuerpo ha sido aumentado, cambiado, invadido, ocupado... y eso es bueno", expresó el artista escénico australiano Stelarc. "El cuerpo ahora puede ser utilizado como host de una tecnología que nos permite intercambiar, interfacear, cargar y acceder a ideas".
Pero alguien podría argumentar que hay cosas que el cuerpo aún puede hacer mejor que las computadoras. Stelarc se permitió no estar de acuerdo con dicha afirmación, y describió, feliz, las ventajas del sexo virtual, que se realiza con los participantes conectados a máquinas que estimulan las partes del cuerpo correspondientes exactamente como lo indica el cerebro.
"Suena fantástico, y me gustaría probarlo, pero creo que con el tiempo extrañaría el factor sorpresa", expresó Ian McCormick, un estudiante que asistió al concierto.
El celebrado ciborg canadiense Steve Mann, que fue cofundador del Wearable Computing Project (Proyecto de Computación Usable) del MIT Media Lab y ahora se desempeña como profesor de ingeniería en la Universidad de Toronto, también estuvo presente entre la concurrencia pero pasó una gran parte del tiempo hablando solo, o al menos eso parecía.
Después nos enteramos de que estaba dando un discurso en la convención Ad Astra Sci-Fi mientras asistía al Deconcert. El evento de Ad Astra se estaba llevando a cabo a unos 60 kilómetros de allí.
Mann transmitió su discurso al lugar donde se estaba llevando a cabo la convención a través de su "eyetap", una minicámara y una minúscula computadora montadas en un par de anteojos que le permiten registrar y transmitir imágenes de video en vivo directamente de sus ojos a Internet.
Mann, que ha pasado la mayor parte de su vida diseñando y construyendo dispositivos que le permiten estar conectado las 24 horas del día y transmitir su vida al resto del mundo en tiempo real, señaló que, sin la "inteligencia humanística", la tecnología no es ni útil ni divertida.
Mann instó al público presente en el Deconcert a reflexionar acerca de qué tecnología dejan entrar a su vida y de cómo interactúan con ella.
"Úsenla; no dejen que los use a ustedes", expresó Mann."
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